C U R S O   M O N O G R Á F I C O

Los Espacios del Vino

Jesús Manzanares Secades, arquitecto
Rafael Beneytez Durán, arquitecto

Logroño, 28 de mayo de 2004

 

 

 

 

CONCLUSIONES

Llegados al final de este ciclo de conferencias, poco más se puede añadir que no se haya dicho referente a la profunda cultura del vino y con ello a todo el sinfín de escenarios por los que la uva pasa hasta transformarse en esa preciosa y cada vez más precisa bebida.

La transformación que ha sufrido el mercado del vino desde los años noventa es sin duda uno de los hechos más considerables a destacar en el valor que hoy se le otorga al vino, no solo desde el conocimiento que ha desarrollado el consumidor sobre el vino que elige, sino desde la cada vez más precisa definición del mismo.

Dicha definición promulgada desde la bodega hasta la mesa y viceversa es fruto del incesante tesón del productor en dar valor al vino que produce, bien porque cada vez lo elabora con mayor conocimiento y dominio, bien por que se esmera cada vez más en explicarlo.


El terroir.

La cuestión es que si el vino es en sí, una bebida capaz de expresar los valores a través de sus sabores, el terruño, el terroir, donde ha nacido la uva, entonces es implícito en ello que también lo sean las viñas y con ellas las bodegas, o por el contrario, si el vino es un producto global, trabajado por un enólogo ambulante capaz de hacer el mismo vino en distintas bodegas. Más bien apuntaría a la primera.


Confianza en el vino.

La soledad del viñedo, implícita la soledad del viticultor.

La valiente apuesta del viticultor y el viñedo que trabaja.

Desde el momento en el que el elaborador confía en el vino que produce como valor exclusivo de su bodega y con ello de sus viñedos, hoy, se hace necesario que bodega y viñedos cobren un valor específico como lugares donde tan preciado producto se elabora.

Es obligado que si tan valioso se muestra y define el contenido, también lo sea el lugar donde se produce, o así se pretende, desde que la moda americana del marketing tocó con muchísima intención y astucia un producto al que tanto recorrido se le está sabiendo sacar en toda la geografía productora de vino.

El vino es un producto altamente expresivo y al mismo tiempo se hace extremadamente sensible a todos los procesos por los que pasa.


La uva como un reflejo del suelo.

(Nos gustará entender la uva como un reflejo del suelo donde evoluciona la planta que la produce).

La bodega no es ya una industria de producto estándar o fábrica de productos mecanizados, es en un sentido muy distinto, la cuna si se quiere, donde un producto altamente sensible se desarrolla en sí mismo al cuidado de un enólogo que diseña un vino en proceso desde la planta hasta la botella.

El programa de la bodega se amplía progresivamente para dar mayor calidad al producto y paralelamente incorpora unos nuevos usos que permiten la venta directa, la visita y la cata amateur, así como otros, para quienes se han interesado por el vino que allí se elabora.

El arquitecto se incorpora junto al ingeniero agrónomo en el diseño de la bodega, como figura que al igual que el enólogo se trata con su vino, se tratará con el escenario cuidado que diseña para este (el vino).


El control del espacio en el que se elabora el producto ya no está solamente ligado al estricto dimensionamiento de mecanismo industrial, se le exige igual que al vino, una mayor calidad, en este caso escenográfica, que refuerce el valor del vino ya anunciado en su etiqueta.

Al igual que el enólogo cuidará que el roble no haga duro un vino, el ingeniero agrónomo se preocupará por los golpes de ariete que la maquinaria diseñada dará a tan delicada bebida y el arquitecto cuidará por el escenario donde todo esto ocurre, y donde cobra mayor carga expresiva el dulce silencio de la sala de barricas que a modo de nido solo visitará el enólogo.

Es verdad que la extrema delicadeza de esta bebida expresada en sus sabores y acogida en sus espacios, harán del vino un respetadísimo producto por quienes lo consumen y más aún por quienes lo producen.

Nunca se puede olvidar que así como el espacio diseñado introduce un dato más nítido sobre como se entiende la bodega, es el vino el que mayor protagonismo debe tener y con ello el estricto control de los procesos de elaboración para los cuales la arquitectura es soporte.


La arquitectura será a la bodega lo que el buqué es al vino.

Será la arquitectura una definición más nítida, pero nunca olvidar que la elaboración del vino exige unas condiciones que casi ya han diseñado la bodega en cuanto a la morfología se refiere, y será la arquitectura un modo educado y preciso para dar alojamiento a la industria que labora el vino.

Es el arquitecto quien tendrá la responsabilidad de dar a la bodega tan precisa forma y dimensión que permita al vino desarrollarse en sus mejores condiciones.

Se verá a través de la arquitectura, la celebración que la bodega hace del producto que elabora.




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