CATA INFORMATIVA
Quien esto suscribe lleva ya muchos años en el mundo de la información. La general y la gastronómica y la vitivinícola. En este último apartado comencé a principios de 1976. Treinta años sí son algo. Fue en Radio Intercontinental de Madrid. Y en el programa ya maridaba algo que, bastante tiempo después, se ha puesto muy de moda: el turismo y la gastronomía. El comentario era: "Hay un chalado que habla de cosas de comer y beber". Recuerdo muy bien que una de las condiciones que puse para hacerme cargo del mismo era que había que dar los nombres de las empresas donde se realizaban los eventos. Entendieron que era información. Ya en aquellos tiempos realizaba mesas redondas sobre vinos. En 1981 creé la "Semana de Gastronomía Madrileña", que iba incluida en los actos oficiales del Ayuntamiento de Madrid. Al presentar el plan de trabajo, en el que hice constar la presencia de vinos madrileños, una única pregunta: "¿Pero hay vinos en Madrid?".
Años después, creado ya el Consejo Regulador, comprobé que uno de los vinos premiados, lo habían preparado sólo para el concurso. Podría ofrecer muchos más ejemplos. Pero lo que he sido, y soy, es escéptico en muchas cosas. También en el mundo del vino. Siempre he tenido la teoría, y la sigo teniendo, de que es inconcebible que algunos de quienes realizan críticas de vinos en los medios de comunicación , especialmente en los periódicos de difusión nacional, a la vez, tengan agencias de comunicación, o similares. La carne es débil. Y el negocio difícil. Todavía se recuerda de quien transcribía las etiquetas y los datos que le enviaban de las bodegas. Y aparecían como opinión o crítica del firmante. He comprobado en numerosas ocasiones como un reconocido crítico repetía la misma conferencia, sobre vinos, bien retribuidas en todos los casos, en distintas poblaciones, sólo cambiando la ubicación geográfica.
Por esas experiencias previas, acogí con desconfianza la llamada a participar hace ya seis años en el panel de catas de "Enólogos". Pero acepté estar en la misma. En primer lugar, para agradecer la confianza depositada en mi. Y, después, para comprobar cómo se realizaban las mismas. Cada uno cuenta la historia según le va en ella. Y lo que puedo garantizar, y ahí queda empeñada mi palabra, es su total y absoluta limpieza. Y no sé si descubriré algún misterio. Pero también, a lo largo de estos años, se han pasado momentos delicados. Como cuando se recibieron críticas del entorno cercano. Se mantuvo el tipo, o nos íbamos. Y también el sistema de las puntuaciones. Algo diferenciador y arriesgado. Se trataba de ser honestos con nosotros mismos. Y de informar. Los criterios son siempre subjetivos, pero ahí quedan. Y algo muy importante, en "Enólogos" se optó por el sistema de cata ciega, algo que en muy pocas publicaciones se aplica pero que, en mi opinión, es el único procedimiento que no predispone al catador en un sentido o en otro. Y este hecho también refleja, evidentemente, el auténtico ánimo informativo de la cata que, en otros casos -no siempre- se guía más por criterios publicitarios.
Estos comentarios no son una descalificación a otras formas de realizar las cosas. Simplemente, me he remitido a lo que he podido comprobar a lo largo de ya unos cuantos años. Los hay que dicen que las catas de vinos son, en definitiva, en algunos casos soporte publicitario. Pero no hay mejor publicidad que un producto bien elaborado, que sea sometido a un juicio, y se dé a conocer a la opinión pública, que no publicada.
Por lo tanto, estoy a favor de dar a conocer los resultados de las catas, ya que es muy positivo desde el punto de vista de la información. Aquí podemos entrar en varios apartados. Especialmente en dos. Los dirigidos a profesionales y al público en general. En cuanto a los profesionales, por varias circunstancias. La primera, y no menor, es que un comentario sobre lo que están realizando siempre es enriquecedor. Si es positivo, porque lo afianza en su línea de trabajo. Si es negativo, porque le puede ayudar a mejorar en los errores que pudiera haber cometido. Esto último, siempre cuando se tenga el suficiente sentido común de aceptar las críticas. Y en cuanto al público en general, siempre es positivo. Es cada vez mayor el número de personas que se acerca al mundo del vino para conocerlo mejor. ese comentario de la cata puede ser muy instructivo. Otra cosa que sería cuestión de analizar y plantearse es si el lenguaje que se emplea para la descripción de la cata, y me refiero a las dirigidas al público, es el más idóneo. Pero esto ya sería cuestión de entrar más a fondo en otro momento.
CATA PUBLICITARIA
Para comenzar a escribir sobre los factores positivos que tienen para el consumidor o el profesional las denominadas catas comerciales de vino, lo primero que debo hacer es tratar de concretar que se entiende, precisamente, por el concepto de catas comerciales. Este tipo de análisis sensorial tiene dos características definitorias; por un lado, suele existir, salvo excepciones, un proceso interesado de selección de las botellas por parte de quien organiza la cata y, por otro, tienen la finalidad, habitualmente, de ser publicadas por los diferentes medios de comunicación para lograr el efecto divulgativo y/o publicitario que se persigue.
El criterio que establecen los responsables de la organización de la cata puede atender a los intereses comerciales de las bodegas o bien guiarse exclusivamente por un punto de vista periodístico, aunque en este caso, muy probablemente, si el resultado de la sesión es negativa para los intereses de uno de los vinos testados y, consecuentemente, para la bodega elaboradora, normalmente, se optará por retirar las botellas que no alcanzan una puntuación óptima. No me refiero a la lógica eliminación de una muestra por los defectos propios de una deficiente conservación, lo cual estaría justificado, sino a la supresión de un vino por defectos atribuibles a una mala elaboración, lo que, en principio, sin ser ilegítimo, parece descubrir la intencionalidad publicitaria de la misma.
También es relativamente frecuente el sistema de cata utilizado por críticos especializados, prescriptores en la terminología al uso, que consiste en mostrar al lector sus gustos o preferencias atendiendo, en general, a un criterio real de actualidad. Este modelo es atractivo y perfectamente válido y, a mi juicio, sólo pierde credibilidad si el experto tiene detrás intereses comerciales que condicionan la objetividad de su criterio. Llevado al extremo, éste sería el caso de un hipotético periodista o comunicador de prestigio que se prestase a hablar bien de un vino sólo a cambio de percibir una cierta cantidad de dinero o una prebenda previamente pactada. Este supuesto, lógicamente, desvirtuaría totalmente el modelo comentado porque más que el "gusto del experto", lo que el lector encontraría camuflado es exclusivamente el interés comercial de la bodega.
Una vez aclarado el concepto, debo decir en primer lugar que cualquier tipo de cata sea más o menos comercial es interesante para el sector vitivinícola, que está necesitado de una mayor presencia en los distintos medios de comunicación para lograr un aumento razonable en el consumo de vino. Es decir, creo que no hay que demonizar per se las denominadas catas comerciales -aunque yo, personalmente, prefiera, qué duda cabe, las catas estrictamente informativas-, ya que, como se suele decir, hasta de los peores libros se puede extraer alguna enseñanza provechosa. Y, por extensión, hasta de las peores catas se pueden inferir argumentos de interés.
Lo que sí sería deseable, en mi opinión, es establecer con claridad la identidad de uno y otro tipo de cata para que el lector no se llame a engaño y no crea que ve gigantes donde sólo se alzan molinos; o sea, lo criticable, desde mi punto de vista, no es tanto publicar catas comerciales, que es legítimo, sino más bien pretender hacer pasar por cata informativa la que es, básicamente, comercial, de compromiso o interesada. En cualquier caso, las catas comerciales pueden ser, como queda dicho, una buena fuente de información para el consumidor final, ya que mediante este tipo de pruebas los aficionados y curiosos pueden adquirir unos conocimientos que les permitan ampliar su cultura vitivinícola y enológica, del mismo modo que descubrir la opinión de un grupo de expertos (un comité de cata), cuyos miembros revelan el estado del mercado, los nuevos vinos del momento o las diferentes añadas de una misma etiqueta, pongo por caso.
En cuanto a los profesionales de la restauración, sumilleres y responsables de compra, este tipo de catas sirve, igualmente, para acercarnos a las novedades que irrumpen en el mercado, para tomar la temperatura de las nuevas añadas, aunque a decir verdad no creo que tengan una influencia determinante en la decisión de compra, ya que para ello el profesional suele recurrir a la cata personal de los vinos, el mejor modo de sorprender al cliente con referencias originales.
En conclusión, aún con las cautelas lógicas que se desprende de todo lo expuesto anteriormente, pienso que las catas comerciales pueden ser muy interesantes y positivas tanto para los profesionales de la hostelería como para el consumidor final, siquiera sea desde una perspectiva divulgativa, ya que tienen en este tipo de publicaciones una herramienta de trabajo para el profesional y una guía informativa para el consumidor que les ayudará a comprar la botella más adecuada para que el placer de beber vino se reedite en cada ocasión.
VOLVER